viernes, 24 de septiembre de 2010

Welcome Meeting 2010

Por fin vuelve ESN. Vuelven los ERASMUS, los viajes, las visitas, las fiestas, el hablar mezclando el español con Francés, Inglés, 4 palabras de Alemán, Italiano, Portugués... ¡lo que salga!

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martes, 21 de septiembre de 2010

Blame it on my youth

Mi mayor defecto es aferrarme a la gente.

Y hundirme en la vana e ilusoria esperanza de que algún día, quizás, volverán.

Y siento que yo debo estar ahí para darles la bienvenida… de nuevo…

¿Cómo puede ser que a pesar de lo vivido no haya aprendido aún a desligarme de la gente, que no soy indispensable para nadie?

Supongo que es porque, de algún modo, aún tengo la esperanza de que alguien me considere indispensable o, al menos, necesaria.

Ese afán infantil por sentirse querido, por no sentirse abandonado…

Blame it on my youthÉse es mi único Consuelo: ser aún una niña que sueña con cuentos de hada.

Algún día creceré y descubriré el crudo mundo al otro lado del espejo.


Leer hasta el final... o no

Su ausencia no hacía sino que la anhelase aún más.

Echaba de menos su olor, ese olor fresco que le hacía cerrar los ojos para impregnarse de él sin que ninguna otra cosa le distrajese.

Deseaba poder acariciarla, recorrer sus recovecos, desentrañar cada misterio y cada secreto que pudieses esconder.

Jugar a ir descubriéndola poco a poco, paladeando cada segundo, era su entretenimiento favorito.

Planear cada segundo para luego dejarse llevar y abalanzarse sobre ella como queriendo engullirla por miedo a que se esfumase antes de poder disfrutar un segundo de ella.

En ella. Porque eso era lo mejor: sentirse dentro de ella. Ahí era feliz, libre. Se sentía como un chiquillo, pudiendo disfrutar sin limitaciones.

Acariciar el césped, oír los pájaros, sentir el viento… Sentirla a ella…

De repente le dieron ganas de bailar. Sí. Siempre que pensaba en ella le daban ganas de bailar.

La última vez fue un vals.

Se levantó del jergón y buscó entre sus discos.


---------------------- A los que, como a mí, les parece que la historia termina aquí perfectamente: id abajo del todo, al título del relato, y la canción que "lo inspiró"... Si queréis más, leed las 5 líneas que quedan ---------------------


Mientras las primeras notas sonaban pensó que Dios debía de ser negro, porque si no, ¿por qué un ateo como él se sentía más cerca del cielo cuando escuchaba esos viejos vinilos?

Sí, el jazz, la música, le hacía sentir más cerca de ella, su Diosa, la Libertad.

“La cautividad te da alas”

21/09/2010

(Trayecto en tren, escuchando al ángel Jamie Cullum...)


I gotta get myself back to the ground... Así me siento yo así a veces, encerrada en mi rutina, pero soñando con mis "días de libertad"...

domingo, 19 de septiembre de 2010

Carnívoro

Y dio otro bocado. Emitió un suave gruñido de satisfacción mientras un hilillo rojizo se escapaba por las comisuras de su boca. Todo le daba igual. La tierna carne le sabía a gloria.

Con una sonrisilla se dispuso a atacar de nuevo. Ante la mirada de su colega, se limpió con un dedo las comisuras, pero en vez de usar una servilleta, chupó su índice con esa sonrisa de satisfacción siempre en su boca. Esa boca que dio otro bocado. Y otro. Y otro.

Hasta que no quedó nada de la tierna ternera en el plato.



Vuelven los Relatos en Cadena. En su tercera semana, vuelvo a escribir. Y esperemos que siga así varias semanas.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Anónimos familiares

Llegó a la esquina y, al verla desierta, miró su reloj, sorprendida. Vale, faltaban un par de minutos. Más relajada, dobló la esquina y empezó a bajar la calle, mirando al gran reloj del otro lado de la calle. Entonces oyó un silbido familiar y giró la cabeza. Nada. Fue avanzando y vio cómo la gente iba acercándose a ella en masa. Pero por mucho que se fijó, no pudo verla. Nada. No vio sus bolsas de plástico de colores, ni sus ojos pintados de colores alegres, a pesar de la tristeza y preocupación que mostraban siempre.

Le resultó extraño, pero pensó que quizás ese día hubiesen llegado antes, o que tendrían que haber faltado a su cita porque tendrían otros asuntos que atender. Pero echaba de menos ese olor a tabaco de pipa, ya tan familiar…

Llegó al andén y no le sorprendió tanto no ver a “las chicas”. Pero aún era pronto para ellas. Se preocupó al subir al tren sin haberlas visto, ni siquiera corriendo para cazar el tren… Y ni rastro del crío con su mochila negra.

Se pasó todo el viaje intentando descubrir si era un sueño o era realidad, y si lo era, ¿dónde estaba todo el mundo?

Fue cuando creyó oír el móvil, al cogerlo y ver la fecha en la pantalla, al ver esos números brillantes, cuando descubrió la solución al misterio: era la vuelta al cole. Y lo que para muchos significaba volver a la rutina, para ella era todo lo contrario: Adiós al gordito que esperaba a que le recogiesen en la esquina fumando su pipa. Adiós a la mujer que subía trabajosamente la cuesta todos los días. Adiós al grupo de trabajadoras que cogían el mismo tren que ella, como el estudiante de mochila negra.

Entonces, de golpe, comprendió la ausencia de ese hombre al que confirmó que sí, que ese tren le llevaba a su destino, y con el que recorrió todas las mañanas, a partir de ésa ya lejana, el tramo de la estación a la oficina. O de la mujer seria a la que en 2 meses sólo había oído pronunciar dos palabras, y a la que aún no ponía nacionalidad. O el joven trajeado, el del bolsito con la comida, la chica rubia de largos rizos, el joven con camisetas que siempre conseguían atraer su atención…

Y es que “rutina” y “vuelta” son palabras que pueden significar tantas cosas… tantas como rostros se cruza cada día.

Esta historia me ha venido a la cabeza esta tarde, de vuelta a casa del trabajo, pero llevo más de un mes dándole vueltas a esto de las “referencias humanas”: gente con la que te cruzas todos los días, apenas notas, te fijas en su ropa, detalles… pero no les das importancia… hasta que un día, no les vemos.

Todos los “rostros” que aquí aparecen son reales. El chico de la pipa me abandonó todo agosto, pero ya volvió. Me cruzo con él y la señora de las bolsas y los ojos de colores al volver a casa a comer. Son mis referencias para saber si tengo que correr a por mi tren o no. A las mujeres y al chico de la mochila hace bastante que no les veo. Ellas supongo que habrán empezado con la jornada completa. Él, que hacía un curso de verano.

Todos los de la mañana son mis compañeros de andén.

Y se me olvidaban mis repartidores de periódicos: una chica y un chico muy majos en Julio, un sonriente chico al que desde que hace dos días sustituye una chica sosilla en Septiembre… pero es uno de mis “anónimos familiares”, así que sé que la echaré de menos cuando se vaya…